el lado activo del infinito

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domingo, 1 de abril de 2012

Madagascar

Deprisa que los vientos se agotan,
que mi barba ya es blanca;
que mis pies se derriten.

Súbita demencia, mezcla de polvo
y viento.
Que mi barba ya es blanca
y que ya no hay aliento.

Súbito, júbilo, represión.
Mente suburbana,
en la tierra de dios
y el diablo. Sumisión.

Revuelo chillón,
salto de cerdo,
remolinos de allá.
Que mi barba ya es blanca.

Mi Dios, esos ojos,
mi vida esos pies.
Mi alma ese cuerpo,
olvido, el destierro.

El desengaño del planeta,
vos
mi orden galáctico,
vos.
Que mi barba ya es blanca.

Dame un poco de tu aliento.
Por favor...

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Del infinito a Dios

Dame de algo para que este día sea simple y llanamente mejor.
Y aunque te preguntes qué es lo mejor,
el sueño treará consigo la verdad.
La flor inmaculada, la piedra que al final no rueda.
Decíme si finalmente es el viento que golpea
en el sol horizontal de la tarde.
Que te vuelve roja bajo ese amarillo oculto.
Decime si sigue siendo igual aquello,
y si aún en la distancia me leés; que brota la diferencia, el miedo
y aún el encanto.
Que el camino entre los árboles
sigue siendo de viento y de sal.
y que tras tu morada se oculta un gran secreto,
que nunca será descubierto.
Aunque aún quieras saber el mío.
En cada grano, en cada gota de este desierto:
yace una estrella esperando que un cosmos brillante
una devuelta esas coordenadas,
inoportunas, intrusas.
Rosagante destino que nos dio la juventud,
y el mísero destierro del corazón
que se ha ido a innumerables ciudades
para darle letargo a esta pasión
que ha encontrado otras razones
en donde posarse.
Decíme si no es así.
O decime que tal vez tus labios
nombran otros mundos por donde volar.
Decíme que leíste que te dije que vi llegar
al cazador con su rifle al hombro;
con su conejo en la mano
y los galgos escoltando el espanto.
Decíme que viste el pasto al ras del suelo,
acariciando el hervidero de insectos.
Y decíme que un lejano acordeón
dibujaba a través del ocaso
tu figura bailando un
no se qué.
Decíme también si en el sueño
no habían cientos bailando
como en una comunión victoriana.
Pero colonial: con mestizos, empanadas,
con montañas y una alegría salvaje.
Donde había una isla que nos esperaba a todos,
para un mundo mejor. Eterno.
Y si este no era el paraíso
era porque Dios para nosotros no está.
¡Y qué bien!
Decíme si no te guste oir aquello
de que Dios es todo o no es nada.
Y te digo que me dijeron que
del infinito a Dios hay un solo paso.
Decíme que esa frase no te deja pensando.
Y que también viste en aquel sueño
un caballo alazán
en la carrera por un desierto lunar
esquivando cráteres en dirección al sur.
Tal vez pa'visar que se acerca el enemigo.
Decíme si en todo esto no hay algo de cierto.
¡Suena el arpa!
El viento nos tiene en velo, el sol marca un camino:
la montaña está a mi favor
y el mar pretende llorar para que el cosmos al fin
nos trague para siempre.

lunes, 6 de junio de 2011

Desayuno

Desayuno.
Guerra a la primera hambruna de la jornada.
Paso lento al nuevo mundo;
diversos sonidos de la cocción: la sensación de un volcán a la inversa.
Corazón con color al alba, sonrisa de un día por delante.
La cena de la madrugada.
Alimento como epílogo onírico.
La cofradía de los cielos.
Fuego, migaja, líquido calor: el, ella, yo.
Nosotros o nadie. Desayuno.
Epicentro del humor y revelación de una noche
de bombillas y sombras.
Día para algunos, noche para otros.
Génesis, nacimiento, candor.
Momento de tararear y quejarse;
de bailar, zapatear
de limpiar todo sudor.
Desayuno ¿cuánto más?
vital satisfacción al fluir del alma.
El alimento del recién nacido,
del que se baña de rocío;
es brillo del fin de la noche
y el motor incesante de la prole.
Va y viene para algunos,
que para ni otros ni llega
y sólo comen a falta de otras cosas
brisas mañaneras...
Y me dice del ruidito a frito,
de la pava que hierve, del olor
a las tostadas y el crujir en mi boca
de la galletita multicolor.
Desayuno. Dame de tu núcleo
y tu esencia.
¡Qué suene la radio a medias!
La temperatura, tu hedor, tu beso
para irme más tranquilo.
La ruta amaneciendo,
amarilla, enfriada
bañada.
Esperando el momento,
bañándose sin aliento,
esperando su desayuno.
Que yo salga de una vez
sonriendo,
para tragarme inconsciente
sin temor y sin apuro.

sábado, 9 de octubre de 2010

El sol no penetraba por las inmensas ventanas. Acaso habían cortinas o un enorme edificio enfrente que obturaba el ocaso.
Su mirada brotó igual.
Se asomaron dos pequeñas y finas ranuras. Eran traviesas y tímidas. Tal vez curiosas.
Giró una vez más por la angosta calle hacia un dónde extraño. Pero mi mirada no se atrevió a mirar. Y di la vuelta, y proseguí.
Las finas ranuras escarbaron la cuenta pendiente en mi cabeza; eran dos ojos, dos farolitos.
Desierto. Un inmenso mar de arenas tajaba el horizonte sinuoso que se deformaba en ese celeste que precedía al infinito. Una línea gris se perdía recta hacia allí; a la nada y el todo. Era la única huella capaz de guiarme.
Caminé.
Kilómetros y kilómetros; escorpiones, cactos y águilas. Nada más. Otra vez, las finas ranuras. Más entrecerrados no podrían estar los ojos. Y el paso lento y constante por el desierto lunar, rojizo. Ausente de valles.
Los ojos y las finas ranuras.
El cielo y el desierto lunar.
Rojo, celeste, naranja, amarillo.
Negro. Cayó la noche.

Di la vuelta y los pies se deslizaron por el cielo que ahora era tierra.
Miles de puntos brillantes en mis pies saludando a la ruta desde arriba.
Flexiones del universo creando infinitas curvas de onda expansiva que arremetían en respuesta de un viejo dios olvidado. Y sólo bastaba mirar hacia arriba para observar el descenso y el descanso del desierto lunar. Recordar allí una vez más, esos ojos ojos ocultos detrás de esas dos finas ranuras.

La historia parecía tener un comienzo.

viernes, 9 de abril de 2010

Preferiría irme de viaje
y que la luna fuera un diamante,
correr por todo el valle
bajo los picos sagrados
y perderme en ese bosque.

Con sus árboles
de hojas prismáticas
y su luz de mil colores,
cuyos nombres desconozco.

Cuando sea hora, esperaré
junto a la fuente legendaria
a ver la forma reflejada
en sus aguas cristalinas.

Y si creés que ya estoy listo
me llevarás hasta ese abismo,
donde el río de nuestros sueños
se une con los otros.

Querré nadar en ellos
y la cascada de agua blanca
podrá llorar, podrá rogar
podrá usar toda su lógica.

Mencionar lo que he aprendido
para mí no vale nada,
al final se dará cuenta
que no nací para seguirla.

martes, 27 de octubre de 2009

El umbral del tiempo.

El mañana enigmático se presenta
y en el hoy me pregunto,
si para el ayer en el mañana
estaría yo.
Y acá estoy hoy,
tratando de ser
para comentar mi ayer
cuando despierte mañana.
Pero a la misma distancia estoy
de mi ayer
y mi mañana
¿no será el hoy un ayer
y un mañana?
entonces me dirías hoy
que nunca es hoy,
aún cuando me lo digas mañana
aunque en realidad fue ayer.
Destinados a la eternidad
tanto ayer como mañana
solo se encuentran en la noche,
veo como uno se va
y como otro viene,
siento como el que es ayer
ahora es mañana
y el mañana siempre
destinado a ser ayer.
La luna se pregunta
donde posar su medianoche,
si en el ayer o el mañana;
ella se cree hoy,
como el sol, como yo.
Astutas las estrellas
eliminan el mañana y el ayer
y son hoy para siempre,
se funden infinitas...
Después de estas notas, hoy,
búsquenme mañana,
tal vez me encuentren
en un retardado ayer.

domingo, 22 de febrero de 2009

viernes, 12 de diciembre de 2008

Vos


Ya emprendido este viaje infinito no me queda ya más nada que dilucidar mi próximo horizonte. Los días frustrantes y las noches solitarias dejaban atrás los rastros del delirio. Solo el punto dorado le dió equilibrio a esta naturaleza, que se erguía como los nuevos albores de esta tierra olvidada. Y un día, un día cualquiera, el ocaso partía sin remordimiento, mas el crepúsculo de la noche anunciaba todo aquello que ya estaba dicho. Esta vez asustaría con su tremendo rayo nocturno. Al contemplar el firmamento descubrí que mis párpados de roca sellaban la mirada fija de un eterno soñador. El mundo se apagaba poco a poco y el tiempo de pensar se deslizaba hacia la nada, caía de una cascada sin fin por el desierto de lo desconocido, todo más nada brillaba en tus ojos que en estos tiempos le pertenecen a otro. Mi mirada hacia el norte se desvanecía buscando en el amplio despliegue terrenal, tu figura ya tan conocida, pero yo ya no me pertenecía. La fuerza de tu luz habría de apoderarse de mi ser, y sin ningún permiso logró sacarme de mi cuerpo, multiplicar el tiempo, llevarme a donde quisiera, prisionero dentro de su corazón que revestía paredes de cristal. Y así fue, no recordaría ni adonde fui ni que hice, pero sabía que una sola criatura podría haberme sacado de mi cuerpo de una manera tan hermosa e impune. Uno, dos,tres; desperté creyendo levantarme de un sueño de siglos, pero solo habían pasado un par de horas. Se había detenido el tiempo, me habías llevado contigo, habías logrado lo que jamás nadie logró. Desde un primer instante supe la verdad. Y con el sincero abrazo de la brisa de la mañana partí nuevamente a mi rutinaria supervivencia, sabiendo que en la misma dirección, que hacia el mismo punto cardinal, allá a donde nos llevará el viento, nos cruzaremos en el mejor de los puntos; y en cada día de esta ruta cruel hay siempre una razón por la cual vale despertarse: vos.

lunes, 8 de diciembre de 2008

Encuentro con Marcos

Domingo 30 de noviembre, 2008
Sentados en la misma mesa en dónde en algunos momentos se habla de política, apoyamos lo necesario para tomar mate. Marcos tenía un enorme rodete en su cabeza conteniendo su larga y oscura cabellera, que con el paso del tiempo se fue tornando más llamativa y espesa. Mi llanto era casi irresistible, el nudo en mi garganta se pronunciaba a través de mi unísono silencio. Solo el silbido de la brisa acompañaba nuestro encuentro casual, una pequeña habitación en penumbras nos alojaba. No sabía dónde buscar un consuelo, mi cabeza se atestaba de pensamientos vanos y tristezas encadenadas, provocando una depresión que parecía en ese momento eterna. A él lo conocí en las pequeñas ramificaciones de esta gran ruta, lo encontré tirado al lado de la misma, yacía débil bajo un sol tajante; había visitado a un amigo para extraerse una dolorosa muela, al retirar la pieza dental, la herida nunca supuró y de regreso a su casa perdió un litro de sangre. Lo cargué a mis espaldas y lo alojé en mi posada. Llegó inconciente y casi no podía comer nada. Al recuperarse prometió que, por mi hospitalidad y en modo de agradecimiento, estaría en cualquier momento para lo que necesitara. Este hombre de unos cincuenta años y mestizo, poco hablaba de su pasado, prácticamente nada. Y a pesar de su imagen simple y austera era realmente un hombre sabio, fuerte, de lectura y vivencia. Marcos era un hombre complejo y de una fuerza absoluta, amistoso.
Marcos ceba el primer mate. Toma.
-Ella ya tomó una decisión-le dije sin ningún preámbulo.
-¿Te dijo eso?
-Si.-trague saliva, las lágrimas ya se me caían.
-¿Y no te dijo cual?-preguntaba Marcos siempre sorprendido.
-No es la mejor para mí.
-¿Eso dijo?
-Que ella no quiere ser deshonesta, que no está bueno que nos veamos y que esta situación le carcome la cabeza y que no quiere mandarse una cagada.
-Bueno, no te preocupes, es provisional la decisión.
-A mi me parece que no.-dije secándome las lágrimas.
-Ya sé, no sirve ahora-dijo-pero es así.
-Yo creo que si hasta ahora se queda con eso, ya está, además ya no quiere verme, lo cual es mucho peor. Me hizo mierda.
-No creo que esté cerrado eso. Algo le tiene que quedar picando.
-Me mandó un mensaje-dije-“pueden jurar que no es verdad el viejo sueño de volar, ¿podrán disimular la guerra en tiempos de paz? Pueden guardarte en una jaula.”
-Desacelerate-me interrumpió-, no le mandes nada, no la llames ni nada; olvidate de ella por unos días y enfriáte. Ya vas a tener oportunidad de cruzarte y hablar y si no apareces vos, aparece ella.
-No sé-dije agarrándome la cabeza-no sé a qué juega.
-Y bueno, un poquito loca está, sino no te hubiera gustado, es el anverso de la misma moneda.
-Si, pero yo no quiero sufrir al pedo.
-Bueno, si no querés sufrir más en este momento, tenés que enfriar todo lo que se pueda. Vas a sufrir igual, pero un poco menos. No te opongas a lo que dice ni intentes revertirlo, no busques verla, ni mandarle mensaje, ni hablarle. Es una decisión de ella, y cuando no le cierre, porque seguramente no le va a cerrar su decisión, recién en ese momento se puede revertir. Ahora, si ve que te resistís probablemente se atrinchere más.
-¿Y por qué estás tan seguro que no le va a cerrar la decisión?
Marcos acomoda un poco la bombilla, ceba otro mate y me lo pasa.
-Porque no es lógico-dice él-que si se arma algo así de repente se cierre de esta manera, con la mera decisión de cerrar los ojos, como lo está haciendo.
-No sé, yo creo que si ella tomó esta decisión en el momento mas crucial de todo esto, no veo por qué cambiaría más adelante.-continué- me da más bronca que otra cosa, porque sé que ella tiene miedo de quedarse conmigo y lástima por el otro lado.
-No es lógico que una persona persista en una decisión fundamentada en la lástima.
-Si-dije.- el tema es que si eso es verdaderamente fuerte nada la puede mover de esa lástima, y lo que menos entiendo, suponiendo tu teoría, qué es lo que espera.
-Preserva-dijo decidido.- Preserva entre lo seguro y lo indefinido.
-Preserva lo seguro, mientras que lo indefinido será siempre indefinido, si se conforma con lo seguro no hay forma de definir lo indefinido.
-Ocurre que lo seguro no es seguro, en el fondo tiene también una indefinición y puede fracasar y ocurre que el brillo de lo indefinido, de esa apuesta que se decide no hacer, debería pesar también, debería picarle.-prosiguió- Ninguna pareja “segura” pero un poco gris pervive por siempre, mucho menos en una persona que tiene otras inquietudes; y menos aún después de haber visto otro brillo.
-¿Y yo qué hago? ¿Espero y espero aunque me muera de ganas de llamarla?
-Bueno, es difícil. Uno toma la iniciativa, después de que te rompés la cabeza, dejás de tomarla, si se pudiera seguramente, lo mejor sería no tomarla. Pero lo digo desde afuera, desde adentro probablemente la tomaría hasta golpearme y dejaría de tomarla.
Tomé el último sorbo de agua y le devolví el mate, él se levantó a buscar un tabaco. Al volver se cebó otro mate, sus ojos brillaban, tenían como un destello que se herejía como un recuerdo de algo que había pasado similar a lo que le contaba.
-Yo le decía a ella que según don Juan existe el pájaro de la libertad-seguí explicándole- es un águila que vuela en línea recta y nunca vuelve, deja en el camino a los que no se quieren subir y sigue viaje con aquellos que toman la decisión, el águila es bastante impaciente con los indecisos y en general no los espera.
-Es un modo elegante de presionarla y de decirle cobarde.
Marcos terminó el mate, se levantó en silencio y se fue al baño. Esperé una hora y nunca regresó, sabía que algo extraño pasaba, no estaba muerto, me estaba diciendo que era momento de que me vaya. Me fui.

viernes, 5 de diciembre de 2008

viernes, 28 de noviembre de 2008

La ruta, la vida, el destino

Se sumía el día bajo la cólera ardiente de un sol vengativo. Ni el firmamento nos daba una señal de una mejoría, en las noches en dónde la misma estrella madre descansaba. El asfalto padecía los albores de un rayo sistemáticamente asesino, mas las almas en putrefacción no abandonaban su vano circo; las predicciones estallaban en un posible infierno y los cerebros se congelaban de razón para navegar en la sola preocupación individual. Ya para este instante el día y la noche se diferenciaban solo por una cuestión de colores. El ser divino que había iluminado el desierto por fin era parte de mi corazón, su esencia infinita me atrajo y como si siempre hubiera estado ahí, atravesé la caparazón de su coraza envolviéndome con su manto revelador; al descubrir tal tamaño espíritu descubrí también su condición de princesa. Reinado extraño donde la libertad es el pilar máximo de esta emoción. Concreté un paraje en pleno viaje para saborear mi amor profundo por este ser tan exquisito, sabía que solo en esta vida podía conocerse la savia de un alma de hermosa gratritud. Recorría los kilómetros de ida y vuelta para ganarme el pan, la vida me daba vida para compartir su vida con la mía. Cualquier paso, cualquier mirada, movimiento o pensamiento estaban enjaulados por su presencia, cada camino a la verdad o la mentira, cada camino al corazón, a la dicha o la desdicha eran y aún es, un camino hacia ella. Inoportunamente el destino posó sobre mi camino el obstáculocruelmuerte y pude ver las dos veredas, perdí la respiración y solo pensé en ella cuando nada haría que la viera al fin. Para las taciturnas miradas de los alienados habitantes, sólo fue un rapto del destino. Y sin pensarlo la posible muerte, a ella me llevó también, como me lleva la vida, el pensamiento, el sentimiento, la casualidad, el amor, el desengaño. El destino sin dudas nos conocía bien y su sola existencia quemaba las retinas de los ojos que solo podían ver lo que se veía.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

Fernet

Pequeños pasitos. Inundados de hipocresía, la estación espera solitaria en la inmensidad de la jungla gris. El sabor amargo y mi nariz espumosa dibujan un efímero recuerdo de su figura inmutada de pasión. La extravagante calle solitaria, me abandonaba sin refugio para mi corazón y solo veía a lo lejos unos pasitos danzantes. La muerte está tan segura de vencer que nos da toda una vida de ventaja. En mi album, tu mirada no es más que una anécdota, tu carácter una simple estrella al amanecer. Más se movía, más dorado el mundo se promovía en pleno mambo, en pleno tuco de miserias. Todo lo que toca brilla, y lo oscuro amanece al fin, tan pequeña como una gota y tan grande como un océano, atropelló mi alma rota y fundió su esencia en un manto de ruta infinita. Sólo podía imaginar, mas la última emoción se fué, con el último rastro del crepúsculo. La princesa dorada tornaba a la urbe en praderas atravesadas de caminos llenos de corazón y sucumbían bajo ella, las más débiles resacas construídas sin piedad. Me ofreció su sabroso trago amargo en la profundidad del callejón y me demostró que en su ciudad, en su mundo, nadie sufre en la eternidad. El trago largo de su inmensa vida, me deslizaban pequeño posando en una flor, tomando su dorada y oscura bebida, esperando encontrarla en alguna otra ciudad de esta, aún ruta infinita.

jueves, 10 de enero de 2008

La ruta maldita y los primeros pasos.

La fuente esencial del incesante respiro se basaba en mi ambición de horizonte. El vasto sonido de las fríbolas montañas de mi alrededor desesperanzaban el mundo todo. Sólo la música de los cielos podía brindarme un espectáculo tan lindo en los primeros pasos de la ruta maldita. El fuego azul que descendía del espacio, rozaba en un invisible temblor, sellando para el deleite de la periferia apocalíptica de la urbe, un aviso inminente de la caída de los nuevos cielos. Nadie preguntaba por mi desesperación, como tampoco por mi cara de terror; sentía, como un niño, renacer de las entrañas de adoquín un intento de huella errante luego de verla a ella tan fantasma, pegada a una de mis cuatro sombras. Las palomas ya ocultas, los lobos ya compañeros, los gatos escondidos entre la maleza. Nadie quería enterarse del esplendor natura del nuevo y sofocante espectáculo. Nadie sentía la necesidad de enfrentarse a Dios de una manera tan frontal; seguí, con miedo, aún cuando me probaban, teniendo la única certeza, el único objetivo: llegar si o si, cueste lo que cueste, al horizonte, al único lugar donde sé que nunca llegaré.

lunes, 7 de enero de 2008

La ruta maldita

La ruta maldita es un camino interminable, donde los atajos y el asfalto infinito se funden en una misma emoción. La ruta maldita ofrece cualquier matiz en la nostálgica huella que uno inmortaliza en cada paso caminado. Las sorpresas de esta ruta varían tanto como las estaciones que la cruzan; y tanto como las personas que conoces. La ruta maldita te confunde en tu sagrado camino hacia el horizonte y penetra en lo mas hondo de tu corazón, pertenece a vos, como a todos. Deja en vos personas imborrables y sentimientos encontrados, dejan, a veces, personas que jamás se olvidaran, como tambien anécdotas, que jamás serán contadas. Vos, seguramente sos parte de esta ruta maldita ya tan conocida, sabiendo, y plenamente conciente que la única forma de salir de ella es muriendo, claro está; siempre de pie y caminando, o de alguna manera rodando por ella siempre siéndole fiel, fuerte, constante. Y solo el misterio conoce la verdad de si hay ruta después de la muerte.

La ruta maldita ya existía.

Había llegado por la puerta de atrás para no hacer ruido. Pensé entonces lo genuino de mis silenciosos pasos, pero sin advertirlo y de alguna manera misteriosa, desperté a los pequeños animales de la noche. Se ve, que corrieron hacia tu hogar, esperando una respuesta, inquietante e inesperado fue tu llamado, que por el bosque y el corto camino se hizo sentir. Se abrió entonces en ese camino (huella convertida en camino), una grieta de amistad y fraternidad. Volvieron los viejos tiempos, volvieron los viejos monstruos, los buenos recuerdos para disfrutar, los miedos para vencer. Siendo lástima lo oculto de nuestro abrazo escogí esconderme en un frondozo arbol y esperar desde su copa unos días y observar, te esperé bajo la lluvia y el sol; y ahí estabas, vos también esperando. Tomé la caminata por asalto y salí convertido en lobo, siendo hombre a veces, solo cuando por equilibrio necesitaba remorder, tomé o mejor dicho, retomé un camino que ya había tomado antes, un camino de sufrimiento y desconsuelo, un camino que hoy es ruta... es la ruta maldita. Una piedra en mi bolsillo era mi guía, en ella veía lo que veía el corazón. El corazón latía al ritmo de una arroyo cercano. Escribí durante los primeros días de la caminata del caminador; luego por arte de magia, las hojas solas descubrieron su propio color. Y así no hizo falta escribir más... continuará