el lado activo del infinito

viernes, 10 de octubre de 2008

92 (El médico)

El misterioso juego del destino, tronó contra mi voluntad, la herejía más hermosa: la locura. Una locura que desciende del altar divino de las aves, que cruza la ciudad en busca de la nostalgia. La ruta, hoy avenida, me obliga a presenciar una vez más, a la turbulenta urbe enferma. Entre los millones de puntos, se marca uno dejando una huella, se mueve y observa con un arte infernal, sin embargo es hermosa y fuerte como una rosa; cautiva y enamora como esta ruta misma. No sé su nombre ni sus sueños, pero si de seguro lee este pasaje, claró está que el mensaje le ha llegado. Cuando de volar se trata, cuerva mi alma, negro mi destino, silencio los espectros de mi ser y rebota en mi conciencia las partes más enamoradizas de mi mente; me ato a al adoquin de memoria que se aferra a mi escudo y como un guerrero de la vida salgo a audeñarme de ella. La poesía y el canto han esparcido su grito de guerra, yo también he soltado el mío, pero con el silencioso arte de escribir. Has cautivado a un joven, taciturno y salvaje, obnubilado y feliz. ¿Dónde termina...

El juicio del ganso

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De tanto andar por la cornisa
tal vez un día pueda caer.
De tanto confiarme
de mi suerte y mis conquistas,
en la percha de un bar
terminé después.


De no aceptar el oficio de santo,
y por reírme de tu tonta canción de amor,
de no transar ni con el cielo y el infierno,
tal vez confisquen mi corazón.


Y quién compartirá mi desconsuelo
y mi destierro de civilización.
Quizás muera odiándote y entendiéndote a la vez,
que de tanto que pude haber hecho por vos,
entregues mi alma, al mejor postor.


De tanto jugar a la cigarra,
tal vez me sorprende el invierno,
de tanto fiarme de tener
alguien siempre a mano,
sin pan y sin torta, la fiesta termine tal vez.


Y uno recoge lo que siembra, dicen,
y es peligroso el barco sin timón,
pero quien ponga manos en este juicio,
nunca sabrá
que satisfecho el ganso murió