el lado activo del infinito

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sábado, 21 de agosto de 2010

El momento del sol americano.

Llegó el ocaso. Mi piel se erizó y caminé por el cordón de la vereda tal como si estuviera haciendo equilibrio sobre una cuerda. Me encantaba el rayo rojo solar, que horizontal, pegaba sobre mi sien y me encandilaba. Se me ocurrió que podría llamar a ese momento "el momento del sol americano". Reí solo.
Tras unas cuantas cuadras un dolor que no dolía me hizo doler. Se agudizaba en algún lugar de mi ser que no puedo describir. Y mi cuerpo no era más que lo que transportaba una pena.
- No podés ser tan tremendista - dijo mi amigo tomando un trago de cerveza.
Y tenía razón.
"¿Cómo puede ponerte mal algo tan hermoso?"
- Es que me duele una muela - dije.
Entonces mi amigo me recomendó que vaya al dentista. Claro, pues no creyó ni medio de lo que le dije.
Luego, mi amigo, sin que yo dijera nada tomó la palabra y en sus ojos, un centelleo brillante y travieso me dejó asustado. Me explicó que esos rayos que atravesaron mi cabeza no eran en realidad del sol, puesto que en la ciudad esos rayos jamás atraviesan las paredes y por ende, nunca llegan a uno. Solté una risita nerviosa, pero él se lo tomó mal. Le di una palmada en la espalda de manera suave y dije:
- Vamos amigo, no te pongas mal.
- ¿Dije algo que no te haya gustado?

Agregué que no podía tomar en serio sus palabras. Entonces se levantó y enojado me dijo que yo nada sabía sobre los ocasos. Luego, sin decir más, dio media vuelta y se esfumó entre la oscuridad. Ya era de noche.
Otra vez un insoportable dolor misterioso se apoderó de mi ser. Fue tan grande que mis ojos comenzaron nuevamente a ver ese ocaso rojo, ese "momento del sol americano". ¡Pero era de noche! Intenté gritar, pero no pude. Quise alzar mi cuerpo pero me vi inmóvil; para ese momento mi susto se hizo monumental.
Me hallaba absorto y sin posibilidad de nada, de ningún movimiento ni modificación de mis acciones. De hecho, no tenía acciones, me había convertido como en una especie de humo, estaba yo acaso, transformado en millones de partículas que se expandían por el aire y podía ser cada una de ellas. La sensación fue de absoluto placer, creí que estaba experimentando amor absoluto. Todo en tanto a mi alrededor era palpable, como si tuviera en mi poder infinitas manos sensibles con las cuales tantear el universo.
Pasado un pequeño lapso de tiempo advertí que flotaba sobre el terreno y vi a mi amigo caminar solo. Me dio la sensación de que estaba llorando. Y lloré yo también, inmediatamente pensé que era producto de mi respuesta hacia su teoría de los ocasos y los dolores del alma. Bajé a tierra, pero no podía controlarme, entonces tomé una cierta forma.
Yo estaba sólido, inamovible, fuerte. Sentía en mis entrañas un sinfin de movimientos y crujidos que no me dejaban en paz. Me sentía como un gigante y el roce de otros similares a mí. Quise moverme pero me vi amarrado al piso, era como parte de la tierra y en ella, sentía otro sin fin de cosquilleos sumamente agradables. No tenía ojos ni veía como convencionalmente suelo mirar, sino que podía percibir como una sensación sonora y móvil todo en cuanto a mi alrededor. Mi vista tenía algo de sensorial, sino todo. Era consciente que a mi alrededor había un bosque lleno de pequeños animales e insectos y partículas. Vi entonces pasar a mi amigo por al lado mío, intenté hablarle pero no podía emitir sonidos y me desesperé. Mi amigo continuó con su apaciguado camino e hice lo posible por alcanzarlo. Crují sobremanera y los animalitos a mi alrededor corrieron como asustados.
Otra vez pude hacerme humo y elevarme. Vi que mi amigo caminó a paso lento por unas cabañas muy bonitas, fumaba un cigarrillo. La sensación de placer se apoderó de mí nuevamente y creí estar sonriendo a pesar de saber sobre mi condición incorpórea.
Traté de ordenar mis pensamientos y mis ideas, traté de enfocar mis verdaderas intenciones, ya no tanto racionalmente, sino tratando de imaginar "ser algo", otra cosa. Tras unos segundos comencé a experimentar otra transformación y mi vista cambió notablemente, aunque seguía en el aire. Entonces me vi esforzado a no descender estrepitosamente y aleteé. Advertí un gran esfuerzo por mantenerme en el aire y eso pareció llamar la atención de mi amigo, pues no sacaba la vista de mis movimientos. Y yo, alegre y con equilibrio quise soltar un grito a modo de saludo, pero en vez de eso, largué un chillido impresionante que retumbó por todo el bosque, tal fue el grito que varias pequeñas aves salieron de sus nidos a perseguirme. Y asustado me alejé.
Tan rápido como pude me posé en el borde del pórtico de una casita antigua. Mi peso aflojó los tirantes de madera y el dueño de la casa salió. Lo miré fijamente, pero para ello, debía girar mi rostro y enfocar con un solo ojo de manera lateral. Así casi pude verle perfectamente poro por poro de su cara. Me arrojó una piedra y con un movimiento pesado huí hacia donde supuse que estaría mi amigo, en la cabaña de su novia.

- ¿Dónde te habías metido? - me dijo.
- Anduve por ahí caminando un rato - dije y agregué - estuve pensando en lo que dijiste hace un rato.
- ¿Hace un rato?

Sorpresivamente su novia apareció con una bandeja de chocolates y mate. No continuamos el diálogo, pero los ojos de mi amigo no dejaban de centellear. Preferí seguir la conversación en otro momento. Por la ventana, noté que nuevamente los rayos rojos me acechaban como hacía un tiempo en la ciudad. Y mi sensación de tristeza me acogió como aquella vez. Un malestar me abrazó y no me dejó hablar por un momento bastante prolongado. Cuando hube terminado mi último mate, con cuidadoso permiso y escogiendo bien las palabras, pedí permiso para ir al baño. Debía razonar todo muy bien, estaba perdiendo mi estado material.

Hecho humo me esfumé por una pequeña ventana y otra vez me elevé. Ya era de día, el sol estaba pleno y yo, ya tocaba la ruta.

domingo, 11 de abril de 2010

martes, 21 de julio de 2009

Desnudo para siempre

La noche aspira a guardarme algún misterio
y como un extraño salgo a caminar,
por las calles silenciosas del suburbio
va mi alma.
Solitario entre el mundo
y las veredas viejas.

Buenas noches me digo y me invito a beber,
estamos solos, me dije, y te advierto
de nada sirve mentirse a uno mismo
el propio espejo y la puerta al saber quien soy
se abrió y me dejó
desnudo para siempre.

Salí por el paso más metálico de la noche,
a un viaje de encuentro con mi extraño
y la magia cautiva de su interior
detonó la bomba
más preciada de los sentimiento
al rozar con mi alma.

Buenas noches me digo y me invito a beber,
estamos solos, me dije, y te advierto
de nada sirve mentirse a uno mismo
el propio espejo y la puerta al saber quien soy
se abrió y me dejó
despedazado por mil partes.

lunes, 30 de marzo de 2009

El terco

Cuando mi instinto limpio el cristal
supe que sin mirar igual podia ver
y desafiando a la luz tuve claridad
cuando la noche más oscura fue.

¿Cuanto más, cuanto más queda en la vida aprender?
Si hasta que brilló el cristal con tantas sombras tropece.
¿Cuanto más, cuanto más, tengo un minuto o la eternidad?
Si siempre me va a golpear, terco y torpe seré hasta el final.

Cuando mi grito destrozó el cristal
supe que la libertad era para mi
y desafiando estructuras me deje ser
y solo tuve de modelo mi propia verdad.

¿Cuanto más, cuanto más queda en la vida aprender?
Si antes que rajó el cristal miles de sueños vi caer.
¿Cuanto más, cuanto más, tengo un minuto o la eternidad?
Si siempre me va a golpear, terco y torpe seré hasta el final.

Si me levanto y me vuelvo a caer
y si ya no hay cristales habra una pared
para pegarme una y otra vez.
Siempre que muera volvere a nacer.

¿Cuanto más, cuanto más, tengo un minuto o la eternidad?
Si siempre me va a golpear, terco y torpe, solo, hasta el final

sábado, 7 de marzo de 2009

viernes, 6 de marzo de 2009

Costa Gavras

Son las dos mil cuatrocientas veintinueve del día sábado. Mis retinas terminan de palpitar la célebre película de Costa Gavras. Espero el incesante precipicio de las precipitaciones, mas sé que no regresaran por un prolongado tiempo. La luna tajeada, guiño de la noche y hoy sonsa responsable de la exclusividad de mis nostalgias. Las hojas de la copa más alta del árbol más alto, aún se mecen indiscriminadamente. Allí descansa un nido. El pavimento es semejante a un río seco, sigo sorprendido, espectáculo gesticular, Gavras en el semblante; la gratuidad de mi soledad no atrae forasteras. El eco del rugido me levanta de la cama, el motor imparable de una bestia senil amenaza mis delicados movimientos, la veo venir y no la distingo, solo creyendo se crea ¿será que Dios nació después del hombre? ¿quien es el vómito de quien? A esta altura del arte no sé cómo pintar la realidad. Son las dos mil cuatrocientas cuarenta del día sábado. Sigo masticando la impotencia del derrotado revolucionario: ser que nace en cada alba. Caigó seco y como perro que volteó la olla apunto mis ojos a la luna, no hay más caso, derechito a la salitasaludprimera. El médico de guardia revisa y revisa, no hay más que hacer, solo sufrirla. ¡Qué sencillo para usted! le dije. Olvidala, me dijo. Imposible, le dije. No hubo más que regresar a la trinchera, las bombas invisibles se alimentaban de los silbidos. La noche tornó su pulso en rigor, la luna mas coja que nunca. Son las veinticuatro mil cuarenta y siete del día sábado. Aún susurra Costa Gavras, aún la luna busca su retazo perdido, aún sigo herido, aún la copa mas alta del árbol más alto se mece, aún el médico recibe pacientes, aún el motor se acerca, aún descansa el nido, aún sigo derrotado, aún no hay forasteras, aún es sábado, aún Dios vomita al hombre y aún el hombre vomita a Dios, aún espero las precipitaciones, aún no sé cómo pintar la realidad... aún... y aún así, sabiendo lo que sé y lo que será, sé que mañana seré, aún, un hombre nuevo.

jueves, 5 de marzo de 2009

Y a un juego extraño me invita a jugar...

El otro día pensaba. nO eRa otro día me aburría, sin embargo, los silencios del todo verde, me abrumaban en un Zin fin de rhugidos que provocaban los dientes metálicos. Alejados de todo mundo por supuesto, fantasmas de la RUTA me han saludado, la sangrhe se volcaba de sus copas; la pasión una, las ruedas dos. El otro día pensava. Tanto he viajado en una sola búsqueda, tanto he volado en un solo ahleteo, tánto he sentido en un covarde mistterio. Detonaba un alfajor. Se esfumaban los sanguches de miga. Uno, dos, tres, cua'. Saludo vicio de un puño inquieto, regocijado en la sed de un bajón que sube, remolinos de cháuchas hirviéndose al sol. El otro día pensaba. Cada sensación que se percibe, cada minuto que pasa en hese reloj, cada recuerdo flotante, cada jugada al borde del misterio, cada ojo indicador de soledad, cada polLinización de la flor de tu alma, cada cohete que dibuja tu frente, cada SUEÑO muerto en decepción, cada final inexplicable, cada ocaso en mi ventana, cada vez que tu figura como un raylo estreya mi cerebro, cada milésima de segundo que tomo un máte con un livro. El otro día pensaba. ¿escribir? cualquier idiota lo hace. El otro día pensaba. Hay que saver qué decir, ¿hay algo para decir? Hay más para hacer se y deapocomevuelbolokoynosecomocarajoseguirlavidaquemeabrumaacadaminutoyporvospierdolacabezatantoquemepegasteeeeakaaydnewomaet ¿dondemellevalavida?

viernes, 20 de febrero de 2009

Por primera vez en un laberinto la perdí.

El iris de tu ojo más magnífico retumba en mi cabeza hoy vacía; los pensamientos más sórdidos de mi ser se funden en recuerdos que hoy viven en un color rojo vivo. Siento el pesar de tus pisadas y siento el pesar de tus pensamientos. Siento que me recordás y tu recuerdo, las hojas danzan hoy al escalofriante ritmo de un viento que vaticina las nuevas tempestades, una lluvia casi llanto se revuelve dentro mío y me deja entrever la ruta hoy que se pierde en la lejanía del misterio. El horizonte, carente de cualquier destino, azaroso por donde se mire, solo deja traslucir los impulsos de la nueva era. Arde frente a mis ojos un cigarrillo en la esquina, se consume tranquilamente... se consume y no piensa. Desaparece consumido sin pensar y acto seguido se lanza al vacío rebotando tembloroso en el altar de los adoquines: el cordón. Cae siempre por un abismo y al llegar al fondo de la oscuridad elpisotón de un gigante termina el trabajo que ha empezado. Sus restos subyacen luego, en mil pedazos, en un incierto basural. Pienso, y aún así me consumo, no me oxido. Hasta la última chispa que me hace explotar, hasta el último aliento que me hace subir la colina, hasta la última montaña del águila sobrevolando continúo emanando deseos a través de mi piel; retengo a mi alma queriendo escapar de mi cuerpo que corre desesperada a buscarte, puedo sentir la noche deseosa de luna llena y algo que crece inexplicable e intangible que puede sentirte, verte cerca. El barro indeciso frustra las huellas de tus pasos y en el repetido asfalto se encuentran las nuevas marcas. Me abruman mis pies descalzos y tu corazón cotizado hoy. Jamás podré postularme como un mercader de este negocio de turbios pasados. El tamaño de mi esperanza no cabe, si quiera, en los más vastos océanos de este mundo, el universo inacabable moldea un perfecto envase infinito para este latido, crece invisible entre las estrellas, esquivando planetas, cometas... sin embargo se estrella en algún lugar y aún así vuelve a empezar. El deseo persiste. Tu imagen se forma con solo imaginarte, escucho tus latidos rozando mi oreja en la tierra, logro marcar la distancia y veo deslizarte por estas tontas calles grises subordinadas frente a miles de carnes muertas. Corazones envueltos en cuerpos frívolos que crecen por crecer, que se oxidan por oxidar, que mueren por morir. He de haber caminado preguntándome desiertos siguiendo la pista de alguna respuesta, como un niño jugando en esta jungla enorme embestí a una princesa perdida. Necesitaba ser encontrada. Se posó sobre mí para siempre, la seguridad y la certeza, de haber encontrado un reino hermoso y desconocido al fin. Esclavizado en ese reino para ser parte de él por siempre, saludé a mi sombra nocturna y reí jocosamente, sucumbí en modernos y fervientes vientos que soplan por estos lugares, sin más pensar me dije, que tomaría el tiempo necesario para enamorar a ese ser, si es necesario, toda una vida; utilicé ya toda la que tengo para encontrarla y utilizaré el doble si es necesario.

lunes, 16 de febrero de 2009

Yarmulke

El cielo gris en toda su dimensión lloraba. En algún parpadear se entreabrían grietas y la copa de algún árbol detenía las doradas barras verticales de la madre estrella, en la sombra del ficus se perdía la vista en un manchón símil al lomo de un leopardo. Los huesos pesaban el doble y dentro de la caja móvil, se trasladaban las almas de un punto hacia otro. No percibía ningún semblante a mi alrededor, picaresca mi mueca llena de humedad. Las páginas de un pequeño libro se ondulaban y hervían antiguas manchas, victoriosas de haberse llevado una porción de bodegón solitario. El último asiento infernal sostenía mi corazón envuelto por un cuerpo delgado. Mi cara triangular alejaba la vista de las notas y percibía la familiaridad del lugar. Un niño a mi izquierda con una kipá, con pies cortitos que no tocaban el piso me miraba fijamente. No apartaba la vista del eje invisible que trazaba mi mirada en la página. Lo miré con hostilidad, se rascó las sienes y dirigió su mirada en dirección opuesta. El lugar ya me traía mezclados recuerdos. Traspiraba. El brazo derecho del niño se estiró incansablemente, la madre lo tironeaba para descender en la urbe indireccional. La cuadra que cruzaba ya era parte de mí, la construía mi memoria de antemano, de seguro todo duró un segundo, pero el tiempo aquí fue otro. Mi memoria "mostró la hilacha" y vió a la princesa moverse en línea recta por la horizontal de la cuadra. La caja ruidosa pareció detenerse, pero no, algo se suspendió y el tiempo se tornó al ritmo de su frescura en movimiento. Su aspecto era el mismo de siempre, solo mi corazón dibujaba otras rayas. El desierto gris se abrió arbitrariamente y la barra luminosa me indicó hacia donde seguía mi viaje en el bondi 106.

jueves, 25 de diciembre de 2008

La princesa Miedo.

La princesa Miedo sin temor
tomó de mí, la esencia y su gabinete,
temió por ella y por él
sin saber lo que pretende.

Al descubrir el amor, su temor
fue absoluto
dejó al azar el abandono cruel
y ahora extraña lo que no debe
o solo extraña por extrañar
tal vez...

La princesa Miedo vive con humo,
vive con un miedo y dos temores
un tumor que crece en el alma
temor que crece en la indecisión.

Solía contar los buenos días
exceptuando los demás
sabía que su cruel destino
sumaba días para siempre olvidar.

La princesa Miedo desaparece
y aparece en la soledad
como quien no quiere la cosa
te sorprende la casualidad.

De boca en boca va sumando colores
y deja sin aliento al temor
mas cuando cruza la frontera
se acrecenta su dolor.

La princesa Miedo vive en su mundo
susurra sus deseos
pero grita sus cadenas
o solo extraña por extrañar
tal vez...

Vive su destino oscilando el abismo
la miro caer pero no cae
la miro venir, pero no viene
la miro y la miro, pero ella teme.

La princesa Miedo muestra su temor
me dice que tiene miedo
me dice que hay rencor
le digo que no existe tal temor,
que solo hay amor
tal vez, tal vez...

lunes, 10 de noviembre de 2008

Encontré un piojo

Estaba en mi ombligo.

sábado, 8 de noviembre de 2008

La princesa dorada (delastardes)

Tu mirada
inocente como la primavera
llegó a mí,
como calor fuerte de verano.

Encandiló con natural tristeza
tu cielo partido
por tanta belleza, pero tan pequeña
y tan fugaz...

Tu campo de trigo
tu cuerpo letal,
pequeña sonrisa inevitable
y mi idiota idiotez
por mirarte,
sin brillo por las tardes
verte caminar, verte andante.

Y si algún día he de juntarnos
que sea noche de verano
tu belleza entre las estrellas
tu fuego entre mis manos
dándome al fin
la primavera.

No lo tomes a mal querida
no es que esté enamorado
es que tanta belleza suelta
es cuestión de poema.

Y tu mirada
inocente como la primavera
llegó a mí,
como calor fuerte de verano
encandiló con natural tristeza
tu cielo partido
por tanta belleza,
pero tan pequeña
y tan fugaz...

viernes, 7 de noviembre de 2008

Grados inciertos

El cartel marcaba longitud sur, los grados yacían inciertos, borroneados. Caminé por un bosque hasta llegar a un pequeño pueblecillo abandonado, allí encontré a un leñador, prejuicioso y desconfiado. Hachaba un tronco seco. Balbuceaba incesantemente, pero nada detenía su trabajo. Cargó en una carretilla las leñas y las trasladó hasta la espalda de una mula. La mula se bancó el peso, el sol la quebraba. Cayó muerta. El leñador ni siquiera se inmutó, el balbucéo continuaba. Sacó las leñas de la muerta mula y al sacar la última tropezó. Cayó sobre un hormiguero y una rama seca le rajó la cara. Poco a poco me fui acercando. El paisaje espantoso de una reunión tan solitaria, reflejaba a un visitante casual en peligro. El balbucéo continuaba. Me acerque aún más. Me preguntaba cómo un hombre frente a todo ese espectáculo no ladraba de rabia impotente. El leñador se mostraba cansado, el balbucéo seguía. Ya estaba demasiado cerca, pero todo aparentaba que no lo había notado, el balbucéo continuaba. Casi se detuvo al lado mío y pude escuchar lo que en realidad, murmuraba: "Dios, llevame a mi, no te rías más, basta de llevarte a criaturas inocentes". Entonces me sentí seguro.

sábado, 5 de julio de 2008

El horizonte en el más allá

Este camino, turbulento y rapaz, está dejando en la esencia del caminante razones para no encontrar razones a un mundo irracional. La bestia salvaje aún dormida en la psiquis, penetra en la sangre y el motor, una vez mas, sucumbe bajo la sinceridad inmadura de tus ojos. Quizás hoy sea el día que te conozca para siempre y desearé tu infinito, o tal vez, te conviertas en horizonte, para siempre perseguirte y nunca alcanzarte.