el lado activo del infinito
Mostrando entradas con la etiqueta Génesis. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Génesis. Mostrar todas las entradas
viernes, 13 de febrero de 2009
La muerte está tan segura de vencer que nos da toda una vida de ventaja.
La esencia del cazador se olfateaba a distancia. La carne que acariciaba mis huesos se ablandaba en la soledad de un bosque finito; frente a la montaña del hormigón los faroles conversaban sobre las tibias brisas de la noche y al dormir de día, el sol espejaba sus cristales. Lloraban los sabios al no comprender tal tamaña decadencia, la hipocrecía de los mediocres, en algarabías eternas, derrochaban risas indiscriminadas. Ahí nomás, me expulsaron del cielo, como chicharra de un ala volé y mi palma izquierda reiteró su beneplácita confesión: con el tiempo, frente a las caídas y recomposiciones del corazón, solo el manto de una princesa negada le dará sentido a un camino de adoquines rotos y corazones aplastados. Me negué y me negué. Pues no creía en princesas ni en cuentos de hadas, pero la oruga de cada historia vomita mariposas multicolor y gusano amigo, dejarás de arrastrarte para volar al fin. Y como todo vuelo, he de precipitarse hacia la madre tierra que lo ha visto nacer. Serás ciego, porque no verás con tus ojos, serás salvaje porque no usarás tu cerebro, y nunca olvides esto, aunque seguro lo harás, es que si ves el fuego hacia el calor no vueles, amalgamate con el viento y la distancia. Y cuando creas en cuento de hadas, olvidate de ellos, la magia jamás te dejará ir.
jueves, 12 de febrero de 2009
De todas las heridas que tuve, fuiste la más hermosa.
-¿Y usted me puede ayudar?-le pregunté.
-Ayudar no es exactamente la palabra.
-¿Y por qué yo querría escucharla?
-Porque te sorprenderá lo acertado de mis mensajes.
Un eterno amanecer me encontró descansado, pero perdido. La ruta poco a poco se hacía un estilo de vida incierto. Como un fastasma en la niebla, aquella morocha de ojos verdes y pequitas se parapetó en un arbusto a embestirme. Miró mis ojos y boquiabierta vió algo que nunca supo explicarme. Ofreció su casa para hospedarme a cambio de conversar conmigo; desconfiado, pero más acobardado por la soledad del camino nocturno, decidí plantarme en su casita pintoresca. Tomó mis manos, leyó las líneas de la piel y marcó una luz entre los cayos. Tomó un rayo del cielo y tajeó mi palma, sangró la herida y sangraron mis ojos. Pude ver por una puerta de dimensiones infinitas.
-Puedo verte-dijo-puedo sentirte-agregó.
-Puedo dormirme-dije-estoy cansado-contesté.
-No lo hagas- me suplicó-despierto es la única forma de soñar.
-¿Y qué es lo otro?-Pregunté.
-Imágenes sin fin por las que uno puede viajar.
-Cuénteme más-insistí.
-El sueño dormido es tan real como este momento y en algún punto no podrás saber cuando estás dormido y cuando no, y con el tiempo sabrás cómo controlarlo y cómo llevar a otras personas allí, a tu corazón. También te dejarás llevar a otros corazones, ese momento llegará. Ten paciencia.
Ese sería el principio de una gran predicción que convirtió mis dudas en sudor. Pronto sabría que la sangre sería el llanto de los cuerpos y que la vida sería el costo de vivir. Mis párpados eran de roca y quería realmente irme a ese mundo por un tiempo, la luz era gigante, enorme, mosntruosa. Era la luna llena del día veinte de algún mes, características que marcarían las curvas de esta ruta intravenosa para siempre.
Ella habló.
"Dormí, te hace falta, mañana vienen las explicaciones, mantenete fresco para la sorpresa".
-Ayudar no es exactamente la palabra.
-¿Y por qué yo querría escucharla?
-Porque te sorprenderá lo acertado de mis mensajes.
Un eterno amanecer me encontró descansado, pero perdido. La ruta poco a poco se hacía un estilo de vida incierto. Como un fastasma en la niebla, aquella morocha de ojos verdes y pequitas se parapetó en un arbusto a embestirme. Miró mis ojos y boquiabierta vió algo que nunca supo explicarme. Ofreció su casa para hospedarme a cambio de conversar conmigo; desconfiado, pero más acobardado por la soledad del camino nocturno, decidí plantarme en su casita pintoresca. Tomó mis manos, leyó las líneas de la piel y marcó una luz entre los cayos. Tomó un rayo del cielo y tajeó mi palma, sangró la herida y sangraron mis ojos. Pude ver por una puerta de dimensiones infinitas.
-Puedo verte-dijo-puedo sentirte-agregó.
-Puedo dormirme-dije-estoy cansado-contesté.
-No lo hagas- me suplicó-despierto es la única forma de soñar.
-¿Y qué es lo otro?-Pregunté.
-Imágenes sin fin por las que uno puede viajar.
-Cuénteme más-insistí.
-El sueño dormido es tan real como este momento y en algún punto no podrás saber cuando estás dormido y cuando no, y con el tiempo sabrás cómo controlarlo y cómo llevar a otras personas allí, a tu corazón. También te dejarás llevar a otros corazones, ese momento llegará. Ten paciencia.
Ese sería el principio de una gran predicción que convirtió mis dudas en sudor. Pronto sabría que la sangre sería el llanto de los cuerpos y que la vida sería el costo de vivir. Mis párpados eran de roca y quería realmente irme a ese mundo por un tiempo, la luz era gigante, enorme, mosntruosa. Era la luna llena del día veinte de algún mes, características que marcarían las curvas de esta ruta intravenosa para siempre.
Ella habló.
"Dormí, te hace falta, mañana vienen las explicaciones, mantenete fresco para la sorpresa".
El espejismo nublado de un paisaje frondoso culminaba en aquel lugar a donde llegaban mis ojos. Pocas horas habían pasado y tenía la extraña sensación de que todo seguía igual. El pasado mordía mi talón de aquiles, el fuego presionaba sobre mi sien, me hostigaba para quemar austeros recuerdos. Mi deseo, único, era continuar con el orden de las cosas. Cansado y casi de noche decidí frenar, pensar si este camino era el correcto. La palabra amor retumbaba en los huecos más hinóspitos de la inmadurez. Sentía la carcajada de una fiera salvaje, feliz de ser idiota y compadeciéndome al verme tan racional, leí su pensamiento. Su instinto suprimía su pena.
Y escribí.
"Recuerdote como si el hoy estuvieras a mi lado, aunque jamás lo estuviste
recuerdote en noches, como el sol oculto del universo;
recuerdote con recuerdos viejos, recuerdos de vos.
Recuerdote sumbando a mi oído una hermosa canción
y también veo hoy, el ayer de tus silencios.
Recuerdote en tu desaparición
y dibujando con mi dedo, tu cara
tu sentimiento.
Creerme que en realidad
mi recuerdo te creará,
existo por existir
hasta que en el horizonte te figuro,
me despojo de un reloj y mi miedo se va
me conecta a vos tu esencia desparramada.
Sigo viviendo hoy, aun ausente en este campo
sos la flor, el cielo, el viento y el silencio,
cada segundo es un dolor o un nacimiento
y recuerdote como si vos me recordaras.
Y pienso y quiero creer que de allá mirás
en las direcciones todas,
que en alguna copla del viento
sientas mi recuerdo.
Al fin y al cabo
estar con vos o no estar con vos
esa, es la medida de mi tiempo".
Y escribí.
"Recuerdote como si el hoy estuvieras a mi lado, aunque jamás lo estuviste
recuerdote en noches, como el sol oculto del universo;
recuerdote con recuerdos viejos, recuerdos de vos.
Recuerdote sumbando a mi oído una hermosa canción
y también veo hoy, el ayer de tus silencios.
Recuerdote en tu desaparición
y dibujando con mi dedo, tu cara
tu sentimiento.
Creerme que en realidad
mi recuerdo te creará,
existo por existir
hasta que en el horizonte te figuro,
me despojo de un reloj y mi miedo se va
me conecta a vos tu esencia desparramada.
Sigo viviendo hoy, aun ausente en este campo
sos la flor, el cielo, el viento y el silencio,
cada segundo es un dolor o un nacimiento
y recuerdote como si vos me recordaras.
Y pienso y quiero creer que de allá mirás
en las direcciones todas,
que en alguna copla del viento
sientas mi recuerdo.
Al fin y al cabo
estar con vos o no estar con vos
esa, es la medida de mi tiempo".
Un posible comienzo.
El frío sofocaba los mas vastos cielos ocultos detrás de los mares. Poco a poco, el frío del desengaño nos cubría, congelaba las puertas de los labios del alma. Lo amado, ya no se amaba, la nostalgia se apoderaba de una pierna y cojeando saboreaba la vida. Mi némesis me había tendido una trampa y se burlaba, esta vez, de mi camino reptilinio y deforme. Sufrí. Sufrí por no poder amar ese caminar, por encontrar el sendero embarrado, por destellar en las noches más inoportunas. Las luces de la ciudad se multiplicaban, mientras las burbujas del fondo de la copa, se elevaban para un anunciado suicidio. Lloré pensando. LLoré. Pensé. También sentí. El ardor de la pierna devastada tronó al unísono; el estado colérico de su desventaja desembocó en una risa eterna. Gratuitamente caminé cojeando y comencé a reir, el brivón de los veranos mordió el asfalto de la bronca, y tan terco, tan rengo, emprendí mi viaje. Defraudado por un falso amor, mutilado por esas cosas de la vida. La ruta me lo ha dicho... he de encargarme de aquellos caminantes errantes. ¿Amor? "Esas son cosas del pasado, cosas de la imaginación". No le creí desde el cartel que marcaba el kilómetro cero. Y por alguna razón que desconozco, di el primer paso, comment ce.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)