el lado activo del infinito

viernes, 14 de agosto de 2009

martes, 11 de agosto de 2009

Lobos

El papel residual que descansaba en la oscuridad, ahora se movía en las esquinas de ensueño; dibujaban las formas del aire y se pronunciaban a través del viento. Tal vez fue mi sensación, o tu mirada se derritió en algún punto invisible. Primero fue el sol quien dibujó esas siluetas desconocidas, luego la luna se encargó del resto, detonaron las risas pese al frío y el desconcierto. Cautivo permanecía el corazón al verte sonriente, enjaulado por el brillo de un par de ojos desiertos durmiéndose, cubierta el alma se acomodaba al zigzagueante movimiento de la maquinaria pesada, cuando los rieles crujían al unísono perdiéndose en el llano verde. Un viento y los mismos recuerdos, tan poco me decía tu voz y tanto me anunciaba tu piel, que solo me bastó hundirme en la tiniebla matinal para comprender la llegada de tu cuenco más preciado. No tardó en bañarte la luz cuando el blanco total se esfumó de nuestros espacios, será que esa nube ciega y predadora se trataba del aliento de los lobos. Lobos que saborearon la mañana menos pensada, generadores de un miedo que me llevó hasta lo más suave de tu mano, lobos de dientes filosos que clavaron su sueño más profundo, lobos al acecho esperando encontrarte, lobos que nos miran a distancia, lobos que hierven tu sangre y que la elevan, lobos que nos comen y nos adentran a su miedo más letal.

Cruzando las líneas muertas de la gran urbe regresamos de la boca del lobo. Adentrados en la caja de los sueños respondimos en silencio a una pregunta que reventaba nuestra queja. Las esquinas desiertas delataban un universo durmiente. El día ya era infinito y activada la bomba quedaría. Varada y a la espera, sucumbió la magia propia de su elixir risueño, y ahora descansa mi recuerdo, viéndola partir mil veces a su hogar; allí, donde el sol hace invisible a la luna.

lunes, 27 de julio de 2009

Sobre un manto de estrellas una historia te contaré IX

La vida del árbol se ocultaba bajo la tierra. Se preguntó una cigarra dónde duermen nuestras sombras por la noche; la escuché y ya no pude seguir durmiendo. Aún bajaba por mi piel, el fiel reflejo de una caída voraz. Resplandecía ella pese a las estrellas, hasta que su brillo, por fin, menguó en una cálida noche de muchas ramas y poco cielo.

Seguí sus huellas tibias,
pero entre el barroso dolor

del miedo más profundo,
se perdió o la perdí.
Giré
cientos de esquinas
con la esperanza de encontrarla.

El mundo indiferente
ni una pista me lanzaba
y las
paradas mudas
disfrutaban de mi desconcierto.

Mi barrio me vio volver
con la cabeza gacha, los hombros

encogidos.
Aun así salgo buscarla,
a romper las paredes

de este inútil laberinto.

Avivé el fuego sobre las ramas secas y aún así nada ocurría, sucedía cada tanto el susurro aterrador de un viento vacío de mensajes, brotaba cada una hora, el estruendoso chirrido de un motor sin cuerpo, esperando tener a dónde ir. Latía en las venas que recorrían mi sienes, latentes desesperanzas de un mundo derrumbado por el desconsuelo, palabras que viajaban por el infinito, letras y letras conjugadas con el simple afán de destruír los sueños que tan frágiles se sostienen en las miradas más profundas.

A veces me siento desdichado
esperando no sé qué,
por qué por qué,
pero es tan lindo encontrarte...
quizás
sea una verdadera locura

Sobre nuestros techos penosos descansan las certezas de un mundo más justo. Muchas veces duermen allí esperando que las tomemos, he aquí, intentando no morir de soledad, no morir verde, no morir; o sí, pero sumarme serenamente al estrecho quebrado del firmamento, un lugar más allá del infinito.
La princesa ya debería estar llegando.


martes, 21 de julio de 2009

Desnudo para siempre

La noche aspira a guardarme algún misterio
y como un extraño salgo a caminar,
por las calles silenciosas del suburbio
va mi alma.
Solitario entre el mundo
y las veredas viejas.

Buenas noches me digo y me invito a beber,
estamos solos, me dije, y te advierto
de nada sirve mentirse a uno mismo
el propio espejo y la puerta al saber quien soy
se abrió y me dejó
desnudo para siempre.

Salí por el paso más metálico de la noche,
a un viaje de encuentro con mi extraño
y la magia cautiva de su interior
detonó la bomba
más preciada de los sentimiento
al rozar con mi alma.

Buenas noches me digo y me invito a beber,
estamos solos, me dije, y te advierto
de nada sirve mentirse a uno mismo
el propio espejo y la puerta al saber quien soy
se abrió y me dejó
despedazado por mil partes.

domingo, 5 de julio de 2009

Atravesando todo límite

A las montañas del noroeste Argentino
te dirigiste hermano,
dejando grabado por siempre
en mi corazón aquel fuerte abrazo.

Donde mostraste tu íntima conciencia
de guerrero impecable
que marcha firme a cumplir su destino
sin nada a nadie deber.

Pasó el tiempo y sin saber nada de vos,
corrimos a buscarte.
Soñé con verte libre a la luz del sol
y sé que lo lograste.

Más sólo fueron testigos esas inmensidades.
Historia triste fue vernos vencidos
y sin hallarte volver,
tener que volver.

A enfrentar caras de gente que no entiende
y que con burlas justifican su ignorancia,
olvidando que la pesadilla
suele hacerse realidad, y ¿ahí que pasa?
¿Qué es lo que pasa?

Que el viento lleve esta canción a tus oídos
salvando distancias,
y que en tu estrella observes que aun sigo de pie.
Es mi esperanza.

Sigo intentando andar el camino
para el cual me formaste.
Y aunque sin vos se ha tornado muy duro,
no me dejaré vencer.
¡No te fallaré!

Es mi egoísmo el que se rebela a perderte
y mi alma a no saber cuál fue tu suerte
Hermano mio, solo resta decirte
que jamas te olvidaré.
Tenlo presente.

martes, 16 de junio de 2009

Del fuego y los recuerdos

Ya no me quedan dudas; poco falta para que nuestros corazones ardan en la gran hoguera de miles de almas. Tajeo al horizonte con el fugaz parpadeo de un iris profundo, y regresa mi recuerdo a la figura a quien todo le doy. Si solo supiera la huella invisible que ha dejado en mi bobo, sabría que los mensajes de la psiquis vienen impresos en el viento, que cada brisa que la azota, es un susurro suave que coloreo en su mejilla. Pero se ha perdido, o la he perdido. De modo, que ahora danza otro rito al son de mi ausencia y su bravura renace en la esperanza de otra mirada, lejana y opuesta a la que obtusamente propongo.
Es triste saber que cada día, mi recuerdo hacia vos, (joven princesa), se hace ceniza y no se guarda. Solo me mantiene vivo el recuerdo de tu sonrisa, las pisadas por mis barros, tu mirada única (y tan tierna). He de caer de una vez a este precipicio, pero por alguna razón incontrolable, no puedo destrozarte en mi caída y dejo en tus manos o al azar, el regreso triunfante de una bestia salvaje dispuesta a no morir jamás.

sábado, 6 de junio de 2009

Sobre un manto de estrellas una historia te contaré VIII

Y soñó. Su temeroso estado onírico de una noche vacilante la engañó al fin. Fue entonces que su inconciencia despertó las dudas que engendraban su taciturno pánico. Y el universo se detuvo a sus pies, pues deberían haberla visto: sus ojos claros destellaban una nebulosa risueña; su cabello rubio desprendía pequeños sueños deambulantes; su boquita temblequeaba al mismo ritmo que los látidos de su rojo corazón; sus brazitos se hacían flexibles como el mar; su piel parecía haber sido decorada por los más maravillosos artistas del planeta; su postura quería encorvarse de vergüenza, pero su coraje la mantenía firme como el roble que la subyacía; su indiferencia hacia la totalidad la transformaba en única y estrella. Era conciente que poco le quedaba para llegar aquí, y cuando uno más se acerca al misterioso horizonte, más se aceleran los ritmos y la certeza de la muerte prematura. "¿Muerte qué nos deja vivir? ¿Muerte piadosa?" pensó. "Miedo a morir por la pasión, miedo a perder el miedo que me mueve a perderlo" pensó después. La majestuosa tempestad que comenzó a sacudir las alturas del incansable muro, bajaron y se toparon con la princesa; a modo de acaricia, las frescas aguas lavaron sus pieles y ella tan fresca miró al cielo y unió las pestañas como símbolo de un placer absoluto. Si no había excusa para continuar bajando, ella la encontraba. Sin embargo la excusa la encontró.
Un misterioso ser con cuerpo y luz, pero de envergadura escalofriante, envovolvió a la princesa poco antes de caer sus últimos kilómetros. Unieron sus voces e indescifrablemente progenitaron una comunicación de la que no dependían de sus labios, de su lengua, o su paladar. Un juego extraño los mantuvo activos pese al desafío que les prometía la realidad natura. su nuevo amigo se trataba de un rayo; rayo que iluminaba sus deseos más profundos, rayo que quemaba los pensamientos más fríos de su soledad ambulante. La princesa rio y rio hasta el hartazgo, cansados se propusieron conocerse más. Ella se sentó en una constelación abandonada que poco tenía que hacer por ahí, mientras el rayo, con su técnica de un flujo de energía continua, le hacía figuras chistosas que soliloqueaban en la profunda y serena noche. Intentó dibujar el rostro de la princesa, y de tal mamarracho la muy pequeña rió, jamás adrede insultaría un rayo, pero la forma graciosa de querer imitarla imprmiéndola en el infinito, detonaba grotesca.
-Jamás en esta corta vida- dijo la princesa- había conocido en persona a un rayo.
-En verdad-dijo él- nosotros no dejamos nunca conocernos.
-Pero ¿por qué?, si son hermosos.
-No se trata de la belleza, se trata de nuestras cualidades y limitaciones.
-Figúrese rayo querido, que como en otras ocasiones y otras cirscunstancias, no logro entenderlo.
-Discúlpe por mi osadía princesa mortal, pero creí que era más rápida.
-Si mi condición fuera la de un rayo, tal vez lo sería.
-Allí en los cielos, entre el sol, la luna y los misterios, convivimos todos los hijos de Thor, esperando algún día ser liberados de una terrible maldición. Maldición que no elegí y que tampoco acepto. Y esto consiste en que somos tres tipos de seres que podemos conjugarnos para dar vida a esta relativa felicidad...
-Jamás me divertí tanto con alguien rayo- interrumpió la princesa.
-Yo tampoco- agregó el rayo y prosiguió.- Esos tres de los que te hablo somos yo, el relámpago y el trueno. Los tres nos vemos envueltos en danzas invisibles que apaciguan nuestros días, pero como todo, como todos, también nos cansamos y queremos cambiar. Esta terrible maldición no nos permite incorporarnos con los mortales y cada vez que hacemos el intento, destrozamos todo aquello que tocamos. Y es así. Hoy me ves de cerca, mañana quizá de lejos, pero si te toco te desintegrás.
-Pero siento que te quiero, te veo y brilla tu luz para mí. Quiero tocarte.
-Si me tocas voy a sufrir por siempre por haberte destrozado, ahora, si no me tocás voy a sufrir por siempre por la decepción eterna de que un gran amor se negó a tocarme por mi condición.
-¡Esto es terrible!- gritó la princesa y su rostró se brotó de un dolor irreconocible.- significa que tu destino entonces...
-No- dijo firme el rayo- el amor es vital e incomprendido a la vez, no porque el amor sea malo, sino, porque es una fuerza tan poderosa como yo, o como vos; el amor tiene sus cosas. ¿o vos jamás quemaste? ¿o vos jamás fuiste incomprendida? ¿o vos nunca fuiste impreviscible?... A propósito... ¿no temés quemarte con el destino que te espera?

martes, 19 de mayo de 2009

Sobre un manto de estrellas una historia te contaré VII

Nuevamente observó como el mundo se agigantaba y dejó a sus alas un paso atrás en su espalda. El viento, en un fuerte golpe ascendente, no dejaba explayar toda la velocidad de sus deseos; sin más que soltarse bordeando el muro, entrecerró sus ojos al desvelo del amanecer. Una lágrima palpó sus sinuosas pestañas y al contrario de ella, la gota se elevó, quedando en el camino, como una huella líquida que se pierde en la imprevisible brújula del viento, como un pequeño punto brilloso que no merecía nada más que el desconsuelo. Se dejó llevar por la ruta de la caída. Un círculo furioso de fuego interno ardía en su pecho, los abrazos de la melancolía no le permitían enfocarse en su destino. Pude ver una minúscula silueta que se traslucía delante del sol y juré haberla visto, aún sin poder precisar si verdaderamente se trataba de ella, pude ver que su viaje se estrelló con una masa volátil de tierra oscura.

Su grito se posó en el cielo y la respuesta gris no tardó en llover. Las cadenas invisibles hacían visibles los miedos por la libertad. Su lágrima olvidada cayó junto a todas las demás gotas efímeras. Se sumergió en una cabaña de arrayanes y muy frágil se protegió de la lluvia; un conejo con un monóculo intentaba divisarla, y aunque hiciera foco en ella, poca importancia le daría a su belleza. Al conejo no le importaba si alguien era lindo o feo, alto o bajo, príncipe o vasallo. En su mundo ecléctico el que es conejo es rey. La princesa sintió gran curiosidad por este animalito tan tierno y singular:

-Disculpe señor conejo- dijo tímidamente.

-Nada de disculpas-interrumpió el conejo del monóculo.

-Quiero que sepa que estoy en su cabaña-dijo ella.- porque debo refugiarme de las lluvias y de los fríos hostiles que azotan a mis alas.

En silencio se acurrucaron al lado de una chimenea calórica. Soliloquió la princesa una antigua canción que tarareaba su hermana menor. Sus tonadas dulces embellecieron los ojos del conejo, que no hacía más que seguir sus melodías con un firme movimiento de sus orejas.

-¡Qué lindo cantas princesa!

-Gracias- respondió brillosa y sonrió.

-¿Qué es lo que te llama a cantar?

-Tal vez el canto me transporta.

-¿A dónde?

-Al corazón de mi corazón.

-No comprendo… ¿tu corazón tiene corazón?

-¡Claro!-sentenció la princesa firmemente- si yo tengo corazón, si vos tenés corazón, si esa lluvia tiene corazón, si cada movimiento eterno se mueve por una armonía absoluta ¿por qué mi corazón no buscaría esa armonía, por qué no puede tener un corazón?

-¿Y dónde está el corazón de tu corazón?

-El corazón de mi corazón está en el cuerpecito de mi hermana menor, ese corazón que late para tararear canciones que luego harán latir a mi corazón en la lejanía, en la soledad, y así encontrar mi armonía para convertirme en el corazón de otro corazón.

El conejo no tuvo más opción que meditar en el basural de su inconciencia. Contempló la nada y extrajo de un cofre, un viejo alambique que concentraba una locura risueña. Embriagaron sus almas y colorearon cuentos y leyendas hasta que finalizaron las insaciables cascadas de las alturas.

La doncella, nostálgica y chistosa, no reparó en su cansancio y sin quererlo, sin pensarlo, fue abatida por los brazos de Morfeo. El conejo, impartiendo un rayo en su mirada, relajó su visión sobre ella que placidamente cambiaba de mundo. Descubrió sin quererlo, que al día siguiente, en su solitaria rutina, su sentido infinito persistiría, pues la tangente que lo atravesaba el lluvioso día, lo intimidó a partir, a aventurarse. El conejo excavó su hoyo dispuesto a surcar el universo, él ya sabía que fuera a donde fuera su corazón ya tenía un corazón.

jueves, 14 de mayo de 2009

sábado, 2 de mayo de 2009

Sobre un manto de estrellas una historia te contaré VI


Prosiguió su búsqueda en los principios de la visión, y experimentó en sí misma el efecto de una mirada prolongada a la luz más poderosa en que pudo pensar: el sol. Quedó ciega y en el infinito negro un escalofrío le susurró un secreto, que el mundo a su alrededor se expandía. Jamás sintió elevarse, pero el aroma del espacio confirmaba la llegada a una cima con tanto vacío a su alrededor, que pensó por un momento que no había suelo que la sostuviera. Parecía haber recuperado la vista, sin embargo, cada vez que cerraba los ojos durante algunos segundos regresaba la sensación de la expansión de las cosas. La princesa, sonrojada por la increíble suerte y el desbordado privilegio, acarició esa esfera de color tan vivo y tan cálido. Deslizó su mano por el encrespado cristal caliente de un fuego inofensivo y se sintió en la gloria. Sus lágrimas se desmoronaron de su joven rostro y su frágil mano, enternecía el cuerpo vidrioso de la madre reina que daba vida en tanta oscuridad. Frente al gesto sincero de este ser volador y hermoso, la esfera agudizó su brillo. El mundo y la inmensidad enardecieron como nunca jamás, y descubrió esta hermosa princesa que ese era un gesto de agradecimiento absoluto. Las rutas, las ciudades, los mares, las montañas, las bicéfalas águilas, las huellas, el lodo, las flores, las tortugas de mar recién nacidas… todas las criaturas se vieron rebotadas por un mar de fuego fugaz. Nunca nadie se había atrevido a acariciar al sol. Y esta estrella, sorprendida por una minúscula princesa dejó verse y por primera vez luego de muchas eternidades, habló. La joven alada nunca supo ese secreto hasta que oyó los pensamientos del fuego. “A mi me dicen que soy un sol, pero yo no soy un sol”. La princesa oía una voz que no entraba por sus oídos, la entendía, pero, de dónde provenía, no se sabe, No era un idioma ni un dialecto, ni un gesto. Eran latidos. “Mi verdadero nombre es Cristal ardiente , pero me podés decir Cristal”.
-Usted es muy hermosa Cristal.
“Y vos también sos muy hermosa, de hecho, sos el ser más hermoso que he conocido”. La princesa se sentó en el borde de la muralla y dejó colgar sus piernas, la estrella madre a su lado flotaba en los cielos y resplandecía de naranjas y amarillos el rostro pálido de la princesa. Atrás de ellas un cielo celeste coloreaba el infinito. “Todos me temen porque todos piensan que quemo las pieles, ¿por qué vos no me temiste?”.
-Porque vos no me temiste a mi.
El cristal ardiente dio dos centelleos y variaron las tensiones de todos los mundos. “Sos muy hermosa hasta cuando hablás”.
-Para mi que vos hables, me llena de una profunda alegría; nosotros los humanos le tememos a todo aquello que brilla. Preferimos quedarnos con lo seguro aunque sea gris, de modo que siempre sabemos que ahí, detrás de lo invisible, siempre se esconde un brillo. Y es por eso que nos levantamos cada mañana detrás de vos.
"¡Que seres extraños! aunque vos, en realidad, no parecés humano".
-Pero lo soy, y no sabés cuánto.
La estrella quedó un largo rato sin emitir ideas. Se sumió en una especie de siesta estratoférica. La princesa se incomodó y arqueó su espalda, estirándose hacia atrás, divisó las profundidades que la esperaban del otro lado de la muralla. El vértigo la sacudió. "Ya sé, ya sé"
-¿Qué sabes vidriosa madre?
"Sé cómo devolverte el cariño que me has hecho"
-¿Cómo?
"A estas alturas puedo ver lo que nadie puede, lo que incluso a esta altura vos no podés. Es por eso que si querés saber algo me lo preguntes ya. Sobre alguien, sobre todo; te lo ofrezco porque dudo que en esta cima tengas comunicación".
-Bueno, entonces... quiero saber qué es de la vida del halcón.
La inmensidad se apagó tres veces y todos dejamos de existir por pocos segundos. El cristal ardiente ya tenía su respuesta. "El halcón siente grandes pesares y lo sosiega un terrible rencor, mas su revancha es el horizonte, y ya su muerte no es una sabia decisión. Ha entregado su alma a las podridas raíces y jamás será de fiar, ni sus turbios consejos ni su pecado al caminar". La princesa fué abatida por un frío desánimo que la dejó sin aliento. Se descorazonó su rabia y al fin brotó su llanto, brillaron sus ojos. Y era impensado que ese ser se traicionara. "Estas cosas suceden. Son como los libros de algunos escritores que hacen maravillas con sus leyendas y sus notas, que escriben los pensamientos más hermosos. Esos libros que llevan tanto tiempo y perseverancia hasta que llegan a tus ojos. Su autor puede quemarlos en segundos nada más". La princesa escondió su cabeza entre sus alas y lloró tronando durante horas. Dejó de llorar y levantó su vista, el sol era invisible, pues la luna ya estaba ahí. De un grito saludó al sol, el eco de su dulce voz vibró por todo el infinito. Caminó algunos pasos hasta el otro lado de la cima y ahora estaba más cerca de la luna. Aspiró. Suspiró. El precipicio bajo sus pies la miraba imponente, ella sabía que allí se oxidaba su destino. Relajó sus músculos, acomodó su cabello, miró temerosa y extendió sus alas. Cerró los ojos y el mundo se expandió. Sonrió y se dejó caer.