el lado activo del infinito
viernes, 14 de agosto de 2009
martes, 11 de agosto de 2009
Lobos
Cruzando las líneas muertas de la gran urbe regresamos de la boca del lobo. Adentrados en la caja de los sueños respondimos en silencio a una pregunta que reventaba nuestra queja. Las esquinas desiertas delataban un universo durmiente. El día ya era infinito y activada la bomba quedaría. Varada y a la espera, sucumbió la magia propia de su elixir risueño, y ahora descansa mi recuerdo, viéndola partir mil veces a su hogar; allí, donde el sol hace invisible a la luna.
lunes, 27 de julio de 2009
Sobre un manto de estrellas una historia te contaré IX
Seguí sus huellas tibias,
pero entre el barroso dolor
del miedo más profundo,
se perdió o la perdí.
Giré cientos de esquinas
con la esperanza de encontrarla.
El mundo indiferente
ni una pista me lanzaba
y las paradas mudas
disfrutaban de mi desconcierto.
Mi barrio me vio volver
con la cabeza gacha, los hombros
encogidos.
Aun así salgo buscarla,
a romper las paredes
de este inútil laberinto.
Avivé el fuego sobre las ramas secas y aún así nada ocurría, sucedía cada tanto el susurro aterrador de un viento vacío de mensajes, brotaba cada una hora, el estruendoso chirrido de un motor sin cuerpo, esperando tener a dónde ir. Latía en las venas que recorrían mi sienes, latentes desesperanzas de un mundo derrumbado por el desconsuelo, palabras que viajaban por el infinito, letras y letras conjugadas con el simple afán de destruír los sueños que tan frágiles se sostienen en las miradas más profundas.
A veces me siento desdichado
esperando no sé qué,
por qué por qué,
pero es tan lindo encontrarte...
quizás
sea una verdadera locura
Sobre nuestros techos penosos descansan las certezas de un mundo más justo. Muchas veces duermen allí esperando que las tomemos, he aquí, intentando no morir de soledad, no morir verde, no morir; o sí, pero sumarme serenamente al estrecho quebrado del firmamento, un lugar más allá del infinito.
La princesa ya debería estar llegando.
martes, 21 de julio de 2009
Desnudo para siempre
y como un extraño salgo a caminar,
por las calles silenciosas del suburbio
va mi alma.
Solitario entre el mundo
y las veredas viejas.
Buenas noches me digo y me invito a beber,
estamos solos, me dije, y te advierto
de nada sirve mentirse a uno mismo
el propio espejo y la puerta al saber quien soy
se abrió y me dejó
desnudo para siempre.
Salí por el paso más metálico de la noche,
a un viaje de encuentro con mi extraño
y la magia cautiva de su interior
detonó la bomba
más preciada de los sentimiento
al rozar con mi alma.
Buenas noches me digo y me invito a beber,
estamos solos, me dije, y te advierto
de nada sirve mentirse a uno mismo
el propio espejo y la puerta al saber quien soy
se abrió y me dejó
despedazado por mil partes.
domingo, 5 de julio de 2009
Atravesando todo límite
te dirigiste hermano,
dejando grabado por siempre
en mi corazón aquel fuerte abrazo.
Donde mostraste tu íntima conciencia
de guerrero impecable
que marcha firme a cumplir su destino
sin nada a nadie deber.
Pasó el tiempo y sin saber nada de vos,
corrimos a buscarte.
Soñé con verte libre a la luz del sol
y sé que lo lograste.
Más sólo fueron testigos esas inmensidades.
Historia triste fue vernos vencidos
y sin hallarte volver,
tener que volver.
A enfrentar caras de gente que no entiende
y que con burlas justifican su ignorancia,
olvidando que la pesadilla
suele hacerse realidad, y ¿ahí que pasa?
¿Qué es lo que pasa?
Que el viento lleve esta canción a tus oídos
salvando distancias,
y que en tu estrella observes que aun sigo de pie.
Es mi esperanza.
Sigo intentando andar el camino
para el cual me formaste.
Y aunque sin vos se ha tornado muy duro,
no me dejaré vencer.
¡No te fallaré!
Es mi egoísmo el que se rebela a perderte
y mi alma a no saber cuál fue tu suerte
Hermano mio, solo resta decirte
que jamas te olvidaré.
Tenlo presente.
martes, 16 de junio de 2009
Del fuego y los recuerdos
Es triste saber que cada día, mi recuerdo hacia vos, (joven princesa), se hace ceniza y no se guarda. Solo me mantiene vivo el recuerdo de tu sonrisa, las pisadas por mis barros, tu mirada única (y tan tierna). He de caer de una vez a este precipicio, pero por alguna razón incontrolable, no puedo destrozarte en mi caída y dejo en tus manos o al azar, el regreso triunfante de una bestia salvaje dispuesta a no morir jamás.
sábado, 6 de junio de 2009
Sobre un manto de estrellas una historia te contaré VIII
Un misterioso ser con cuerpo y luz, pero de envergadura escalofriante, envovolvió a la princesa poco antes de caer sus últimos kilómetros. Unieron sus voces e indescifrablemente progenitaron una comunicación de la que no dependían de sus labios, de su lengua, o su paladar. Un juego extraño los mantuvo activos pese al desafío que les prometía la realidad natura. su nuevo amigo se trataba de un rayo; rayo que iluminaba sus deseos más profundos, rayo que quemaba los pensamientos más fríos de su soledad ambulante. La princesa rio y rio hasta el hartazgo, cansados se propusieron conocerse más. Ella se sentó en una constelación abandonada que poco tenía que hacer por ahí, mientras el rayo, con su técnica de un flujo de energía continua, le hacía figuras chistosas que soliloqueaban en la profunda y serena noche. Intentó dibujar el rostro de la princesa, y de tal mamarracho la muy pequeña rió, jamás adrede insultaría un rayo, pero la forma graciosa de querer imitarla imprmiéndola en el infinito, detonaba grotesca.
-Jamás en esta corta vida- dijo la princesa- había conocido en persona a un rayo.
-En verdad-dijo él- nosotros no dejamos nunca conocernos.
-Pero ¿por qué?, si son hermosos.
-No se trata de la belleza, se trata de nuestras cualidades y limitaciones.
-Figúrese rayo querido, que como en otras ocasiones y otras cirscunstancias, no logro entenderlo.
-Discúlpe por mi osadía princesa mortal, pero creí que era más rápida.
-Si mi condición fuera la de un rayo, tal vez lo sería.
-Allí en los cielos, entre el sol, la luna y los misterios, convivimos todos los hijos de Thor, esperando algún día ser liberados de una terrible maldición. Maldición que no elegí y que tampoco acepto. Y esto consiste en que somos tres tipos de seres que podemos conjugarnos para dar vida a esta relativa felicidad...
-Jamás me divertí tanto con alguien rayo- interrumpió la princesa.
-Yo tampoco- agregó el rayo y prosiguió.- Esos tres de los que te hablo somos yo, el relámpago y el trueno. Los tres nos vemos envueltos en danzas invisibles que apaciguan nuestros días, pero como todo, como todos, también nos cansamos y queremos cambiar. Esta terrible maldición no nos permite incorporarnos con los mortales y cada vez que hacemos el intento, destrozamos todo aquello que tocamos. Y es así. Hoy me ves de cerca, mañana quizá de lejos, pero si te toco te desintegrás.
-Pero siento que te quiero, te veo y brilla tu luz para mí. Quiero tocarte.
-Si me tocas voy a sufrir por siempre por haberte destrozado, ahora, si no me tocás voy a sufrir por siempre por la decepción eterna de que un gran amor se negó a tocarme por mi condición.
-¡Esto es terrible!- gritó la princesa y su rostró se brotó de un dolor irreconocible.- significa que tu destino entonces...
-No- dijo firme el rayo- el amor es vital e incomprendido a la vez, no porque el amor sea malo, sino, porque es una fuerza tan poderosa como yo, o como vos; el amor tiene sus cosas. ¿o vos jamás quemaste? ¿o vos jamás fuiste incomprendida? ¿o vos nunca fuiste impreviscible?... A propósito... ¿no temés quemarte con el destino que te espera?
martes, 19 de mayo de 2009
Sobre un manto de estrellas una historia te contaré VII
Nuevamente observó como el mundo se agigantaba y dejó a sus alas un paso atrás en su espalda. El viento, en un fuerte golpe ascendente, no dejaba explayar toda la velocidad de sus deseos; sin más que soltarse bordeando el muro, entrecerró sus ojos al desvelo del amanecer. Una lágrima palpó sus sinuosas pestañas y al contrario de ella, la gota se elevó, quedando en el camino, como una huella líquida que se pierde en la imprevisible brújula del viento, como un pequeño punto brilloso que no merecía nada más que el desconsuelo. Se dejó llevar por la ruta de la caída. Un círculo furioso de fuego interno ardía en su pecho, los abrazos de la melancolía no le permitían enfocarse en su destino. Pude ver una minúscula silueta que se traslucía delante del sol y juré haberla visto, aún sin poder precisar si verdaderamente se trataba de ella, pude ver que su viaje se estrelló con una masa volátil de tierra oscura.
Su grito se posó en el cielo y la respuesta gris no tardó en llover. Las cadenas invisibles hacían visibles los miedos por la libertad. Su lágrima olvidada cayó junto a todas las demás gotas efímeras. Se sumergió en una cabaña de arrayanes y muy frágil se protegió de la lluvia; un conejo con un monóculo intentaba divisarla, y aunque hiciera foco en ella, poca importancia le daría a su belleza. Al conejo no le importaba si alguien era lindo o feo, alto o bajo, príncipe o vasallo. En su mundo ecléctico el que es conejo es rey. La princesa sintió gran curiosidad por este animalito tan tierno y singular:
-Disculpe señor conejo- dijo tímidamente.
-Nada de disculpas-interrumpió el conejo del monóculo.
-Quiero que sepa que estoy en su cabaña-dijo ella.- porque debo refugiarme de las lluvias y de los fríos hostiles que azotan a mis alas.
En silencio se acurrucaron al lado de una chimenea calórica. Soliloquió la princesa una antigua canción que tarareaba su hermana menor. Sus tonadas dulces embellecieron los ojos del conejo, que no hacía más que seguir sus melodías con un firme movimiento de sus orejas.
-¡Qué lindo cantas princesa!
-Gracias- respondió brillosa y sonrió.
-¿Qué es lo que te llama a cantar?
-Tal vez el canto me transporta.
-¿A dónde?
-Al corazón de mi corazón.
-No comprendo… ¿tu corazón tiene corazón?
-¡Claro!-sentenció la princesa firmemente- si yo tengo corazón, si vos tenés corazón, si esa lluvia tiene corazón, si cada movimiento eterno se mueve por una armonía absoluta ¿por qué mi corazón no buscaría esa armonía, por qué no puede tener un corazón?
-¿Y dónde está el corazón de tu corazón?
-El corazón de mi corazón está en el cuerpecito de mi hermana menor, ese corazón que late para tararear canciones que luego harán latir a mi corazón en la lejanía, en la soledad, y así encontrar mi armonía para convertirme en el corazón de otro corazón.
El conejo no tuvo más opción que meditar en el basural de su inconciencia. Contempló la nada y extrajo de un cofre, un viejo alambique que concentraba una locura risueña. Embriagaron sus almas y colorearon cuentos y leyendas hasta que finalizaron las insaciables cascadas de las alturas.
La doncella, nostálgica y chistosa, no reparó en su cansancio y sin quererlo, sin pensarlo, fue abatida por los brazos de Morfeo. El conejo, impartiendo un rayo en su mirada, relajó su visión sobre ella que placidamente cambiaba de mundo. Descubrió sin quererlo, que al día siguiente, en su solitaria rutina, su sentido infinito persistiría, pues la tangente que lo atravesaba el lluvioso día, lo intimidó a partir, a aventurarse. El conejo excavó su hoyo dispuesto a surcar el universo, él ya sabía que fuera a donde fuera su corazón ya tenía un corazón.
jueves, 14 de mayo de 2009
sábado, 2 de mayo de 2009
Sobre un manto de estrellas una historia te contaré VI

Prosiguió su búsqueda en los principios de la visión, y experimentó en sí misma el efecto de una mirada prolongada a la luz más poderosa en que pudo pensar: el sol. Quedó ciega y en el infinito negro un escalofrío le susurró un secreto, que el mundo a su alrededor se expandía. Jamás sintió elevarse, pero el aroma del espacio confirmaba la llegada a una cima con tanto vacío a su alrededor, que pensó por un momento que no había suelo que la sostuviera. Parecía haber recuperado la vista, sin embargo, cada vez que cerraba los ojos durante algunos segundos regresaba la sensación de la expansión de las cosas. La princesa, sonrojada por la increíble suerte y el desbordado privilegio, acarició esa esfera de color tan vivo y tan cálido. Deslizó su mano por el encrespado cristal caliente de un fuego inofensivo y se sintió en la gloria. Sus lágrimas se desmoronaron de su joven rostro y su frágil mano, enternecía el cuerpo vidrioso de la madre reina que daba vida en tanta oscuridad. Frente al gesto sincero de este ser volador y hermoso, la esfera agudizó su brillo. El mundo y la inmensidad enardecieron como nunca jamás, y descubrió esta hermosa princesa que ese era un gesto de agradecimiento absoluto. Las rutas, las ciudades, los mares, las montañas, las bicéfalas águilas, las huellas, el lodo, las flores, las tortugas de mar recién nacidas… todas las criaturas se vieron rebotadas por un mar de fuego fugaz. Nunca nadie se había atrevido a acariciar al sol. Y esta estrella, sorprendida por una minúscula princesa dejó verse y por primera vez luego de muchas eternidades, habló. La joven alada nunca supo ese secreto hasta que oyó los pensamientos del fuego. “A mi me dicen que soy un sol, pero yo no soy un sol”. La princesa oía una voz que no entraba por sus oídos, la entendía, pero, de dónde provenía, no se sabe, No era un idioma ni un dialecto, ni un gesto. Eran latidos. “Mi verdadero nombre es Cristal ardiente