el lado activo del infinito

viernes, 14 de noviembre de 2008

Postal




jueves, 13 de noviembre de 2008

Las horas de vos.

Mis ojos enardecieron ciegos de prejuicios.
El talismán de tu sueño me atrapó, me dejó
sin palabras el eco de tu futuro.
El arbol seco al final cayó.
Nuestro cielo de la noche jamás lloró.
A dónde la vida me llevará al fin.
Mímesis de sueños nos atrapan en la esquina.
Osadía la mía de acercarme a vos.
Renace el grito de la rebelde preguntando.
Así nomás te llevaste a mi ser.
Sales de ternura que cubren nuestra rabia.
Tierra gris de la ciudad desierta.
Esteros de luces cubriendo el humo, cigarros
y filosofías cortando el asfalto.
Rugido feroz de tu bestia libertaria.
Unidas concordancias de noches de calor.
Bestia instintiva revalsa de su pecho el corazón.
Increíble la verdad sincera de su adiós.
Acaparo las horas en donde siempre sos vos.

miércoles, 12 de noviembre de 2008

La princesa dorada

La dorada princesa del verano entre los iluminados,
su sol amarillo, caleidoscopio de hojas de oro,
y lágrimas que ríen.
El tiempo se detiene y cuando nadie maneja el aire,
una magia nueva se produce, una magia nueva,
una balsa nueva.

Yo no estoy aquí, sólo mi sonrisa me delata
pero yo miro desde todas partes a la princesa
que se mueve entre estrellas de corderoy azul
con la soltura de quien no tiene errores.

Ellos le hablan y la contestación
es sólo brillo de los ojos.
La princesa se da vuelta como un guante
y sigue sin adentro ni afuera.

Cuando la princesa habla, vos la oís en tu mente,
y el fauno se despierta y brilla una danza,
una danza roja, desconocida pero eterna.

lunes, 10 de noviembre de 2008

Encontré un piojo

Estaba en mi ombligo.

domingo, 9 de noviembre de 2008

Ro

Yo eternizo las cosas y cuando el infinito llega a su fin la realidad comienza su expansión.

sábado, 8 de noviembre de 2008

La princesa dorada (delastardes)

Tu mirada
inocente como la primavera
llegó a mí,
como calor fuerte de verano.

Encandiló con natural tristeza
tu cielo partido
por tanta belleza, pero tan pequeña
y tan fugaz...

Tu campo de trigo
tu cuerpo letal,
pequeña sonrisa inevitable
y mi idiota idiotez
por mirarte,
sin brillo por las tardes
verte caminar, verte andante.

Y si algún día he de juntarnos
que sea noche de verano
tu belleza entre las estrellas
tu fuego entre mis manos
dándome al fin
la primavera.

No lo tomes a mal querida
no es que esté enamorado
es que tanta belleza suelta
es cuestión de poema.

Y tu mirada
inocente como la primavera
llegó a mí,
como calor fuerte de verano
encandiló con natural tristeza
tu cielo partido
por tanta belleza,
pero tan pequeña
y tan fugaz...

viernes, 7 de noviembre de 2008

Grados inciertos

El cartel marcaba longitud sur, los grados yacían inciertos, borroneados. Caminé por un bosque hasta llegar a un pequeño pueblecillo abandonado, allí encontré a un leñador, prejuicioso y desconfiado. Hachaba un tronco seco. Balbuceaba incesantemente, pero nada detenía su trabajo. Cargó en una carretilla las leñas y las trasladó hasta la espalda de una mula. La mula se bancó el peso, el sol la quebraba. Cayó muerta. El leñador ni siquiera se inmutó, el balbucéo continuaba. Sacó las leñas de la muerta mula y al sacar la última tropezó. Cayó sobre un hormiguero y una rama seca le rajó la cara. Poco a poco me fui acercando. El paisaje espantoso de una reunión tan solitaria, reflejaba a un visitante casual en peligro. El balbucéo continuaba. Me acerque aún más. Me preguntaba cómo un hombre frente a todo ese espectáculo no ladraba de rabia impotente. El leñador se mostraba cansado, el balbucéo seguía. Ya estaba demasiado cerca, pero todo aparentaba que no lo había notado, el balbucéo continuaba. Casi se detuvo al lado mío y pude escuchar lo que en realidad, murmuraba: "Dios, llevame a mi, no te rías más, basta de llevarte a criaturas inocentes". Entonces me sentí seguro.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

Fernet

Pequeños pasitos. Inundados de hipocresía, la estación espera solitaria en la inmensidad de la jungla gris. El sabor amargo y mi nariz espumosa dibujan un efímero recuerdo de su figura inmutada de pasión. La extravagante calle solitaria, me abandonaba sin refugio para mi corazón y solo veía a lo lejos unos pasitos danzantes. La muerte está tan segura de vencer que nos da toda una vida de ventaja. En mi album, tu mirada no es más que una anécdota, tu carácter una simple estrella al amanecer. Más se movía, más dorado el mundo se promovía en pleno mambo, en pleno tuco de miserias. Todo lo que toca brilla, y lo oscuro amanece al fin, tan pequeña como una gota y tan grande como un océano, atropelló mi alma rota y fundió su esencia en un manto de ruta infinita. Sólo podía imaginar, mas la última emoción se fué, con el último rastro del crepúsculo. La princesa dorada tornaba a la urbe en praderas atravesadas de caminos llenos de corazón y sucumbían bajo ella, las más débiles resacas construídas sin piedad. Me ofreció su sabroso trago amargo en la profundidad del callejón y me demostró que en su ciudad, en su mundo, nadie sufre en la eternidad. El trago largo de su inmensa vida, me deslizaban pequeño posando en una flor, tomando su dorada y oscura bebida, esperando encontrarla en alguna otra ciudad de esta, aún ruta infinita.

viernes, 10 de octubre de 2008

92 (El médico)

El misterioso juego del destino, tronó contra mi voluntad, la herejía más hermosa: la locura. Una locura que desciende del altar divino de las aves, que cruza la ciudad en busca de la nostalgia. La ruta, hoy avenida, me obliga a presenciar una vez más, a la turbulenta urbe enferma. Entre los millones de puntos, se marca uno dejando una huella, se mueve y observa con un arte infernal, sin embargo es hermosa y fuerte como una rosa; cautiva y enamora como esta ruta misma. No sé su nombre ni sus sueños, pero si de seguro lee este pasaje, claró está que el mensaje le ha llegado. Cuando de volar se trata, cuerva mi alma, negro mi destino, silencio los espectros de mi ser y rebota en mi conciencia las partes más enamoradizas de mi mente; me ato a al adoquin de memoria que se aferra a mi escudo y como un guerrero de la vida salgo a audeñarme de ella. La poesía y el canto han esparcido su grito de guerra, yo también he soltado el mío, pero con el silencioso arte de escribir. Has cautivado a un joven, taciturno y salvaje, obnubilado y feliz. ¿Dónde termina...

El juicio del ganso


De tanto andar por la cornisa
tal vez un día pueda caer.
De tanto confiarme
de mi suerte y mis conquistas,
en la percha de un bar
terminé después.


De no aceptar el oficio de santo,
y por reírme de tu tonta canción de amor,
de no transar ni con el cielo y el infierno,
tal vez confisquen mi corazón.


Y quién compartirá mi desconsuelo
y mi destierro de civilización.
Quizás muera odiándote y entendiéndote a la vez,
que de tanto que pude haber hecho por vos,
entregues mi alma, al mejor postor.


De tanto jugar a la cigarra,
tal vez me sorprende el invierno,
de tanto fiarme de tener
alguien siempre a mano,
sin pan y sin torta, la fiesta termine tal vez.


Y uno recoge lo que siembra, dicen,
y es peligroso el barco sin timón,
pero quien ponga manos en este juicio,
nunca sabrá
que satisfecho el ganso murió